La geometría sagrada
La opinión unánime de todos los arquitectos e
ingenieros que han estudiado la Gran Pirámide es que su construcción
obedece a un replanteo. Es decir, de los planos de dibujo se pasó a la
edificación, eliminando cualquier teoría que pretenda indicar que se
pusieron a subir bloques de manera arbitraria. Esos planos fueron
concebidos siguiendo los conceptos que el arquitecto quiso incorporar y
la función de la piramidología consiste precisamente en adivinar dichos
planteamientos, ya que las medidas de la Gran Pirámide fueron
proyectadas bajo un criterio arquitectónico, como cualquier edificio
actual. Los arquitectos, tras realizar los estudios pertinentes, pueden
llegar a averiguar cuáles fueron esos planteamientos. Otra cosa es jugar
con los números para hallar un carnet de identidad, un número de
teléfono o cualquier otro malabarismo intelectual. La ciencia es otra
cosa.
Esquema, que según una teoría, siguió el arquitecto de la Gran Pirámide.
Vamos
con las medidas de la Gran Pirámide. Pongamos que aproximadamente la
base mide 230,30 metros, que la altura original era de 146,6 y la
apotema de sus caras (la línea que recorre todo el centro de la cara) es
de 186,3. Pues bien, si simplificamos estas medidas y consideramos que
la base mide 2, la altura mediría 1,272 y la apotema sería 1,618. Es
decir, un triángulo que tenga como base 2, como altura 1,272 y como los
lados 1,618, tendría las mismas proporciones que la Gran Pirámide en su
corte transversal. La altura divide a ese triángulo en dos triángulos
rectángulos menores que tendrían como base 1, como altura 1,272 y como
hipotenusa 1,618.
O sea, que la Gran Pirámide está edificada
teniendo como armazón a un triángulo rectángulo que tiene como base la
unidad de medida, como altura la raíz del número Fi (1,618). Por lo que
queda demostrado que el número Fi está incorporado a la Gran Pirámide
sin distorsionar ninguna medida. Por si acaso hubiera dudas, la secante
del ángulo de 51 grados y 51 minutos (ángulo de inclinación de la Gran
Pirámide) es 1,618 (Fi) y por ende el coseno de 51 grados y 51 minutos
es el inverso de Fi (0,618).
Las medidas de la Gran Pirámide
resuelven la cuadratura de la circunferencia. Demostración: La
circunferencia que tiene como radio la altura de la pirámide tiene la
misma longitud que la base cuadrada de la Gran Pirámide.
Radio = 146,6 x 2Pi = 921
Lado de Base = 230,30 x 4 = 921
Lo cual implica que si dividimos la base de la pirámide por el doble de la altura obtenemos el número Pi.
Las
medidas de la Gran Pirámide resuelven la cuadratura del círculo.
Demostración: un rectángulo formado por la base de la Gran Pirámide y su
altura tiene la misma superficie que un semicírculo que tenga como
radio la altura de la pirámide.
Superficie del semicírculo = Pi x radio2 /2 = 33.758
Superficie del rectángulo = 230,3 x 146,6 = 33.761
Las
medidas de la Gran Pirámide resuelven la cubicación de la esfera.
Demostración: según la geometría, la mitad de un círculo plano es
también matemática y rigurosamente igual en área a la superficie
esférica de un cuadrante de 90 grados. O sea, que un rectángulo cuya
altura y base sean las de la pirámide tiene la misma superficie que un
cuadrante esférico cuya altura sea la de la pirámide y su arco la base
de la Gran Pirámide.
Superficie del cuadrante esférico = arco x radio = 230,3 x 146,6 = 33.761
Superficie del rectángulo = 230,3 x 146,6 = 33.761.
Otra
demostración: la superficie del prisma generado tomando la base y la
altura de las caras de la Gran Pirámide (una caja donde se pudiera meter
la Gran Pirámide) tiene la misma superficie que la semiesfera generada
tomando como radio la altura de la Gran Pirámide.
Base x altura 230,3 x 146,6 x 4 caras = 135.047
Superficie de la semiesfera = 4 x Pi R2 / 2 = 4 x Pi x 146,6 x 146,6 /2 = 135.035.
Ahora nos enfrentamos a un problema con dos posibles soluciones:
1.
Los constructores de la Gran Pirámide adquirieron en tiempos de Keops
el conocimiento de los números Pi y Fi e inmediatamente después se
olvidó en Egipto tal conocimiento, en una absoluta pérdida de memoria
sin parangón conocido en la historia de la ciencia.
2. Los
egipcios, que desconocían estas proporciones, no pudieron construir ni
siquiera el boceto arquitectónico de la Gran Pirámide. Pero esa es otra
historia.
Los constructores ocultos
Desde la más remota
antigüedad todos los hombres de ciencia miraron a la Gran Pirámide como
poseedora de informaciones referentes a las medidas terrestres y
celestes. Y, posiblemente, tales datos se hallen incorporados en sus
proporciones.
Pero hay más. El premio nobel Linus Pawling
demostró que la molécula de agua no es H2O, sino un polímero formado por
5H2O. El eminente científico afirmó asimismo que la forma de la
molécula del agua corresponde a una pirámide de base cuadrada, en cuyas
cinco esquinas se situaría un H2O, y que el ángulo de esta formación era
52º.
Con este dato podemos afirmar que la Gran Pirámide es el
mayor monumento construido a la molécula del agua. Pero, curiosamente,
el único mineral cuya cristalografía corresponde exactamente a la
geometría de la pirámide es el diamante, el carbono puro, con lo que
tenemos que el agua y el carbono, los principales elementos que componen
el cuerpo humano se hallan representados en este singular monumento.
Quizás sea casualidad, pero el número de hiladas de la pirámide
corresponde al número de huesos que tiene el ser humano, 204. Y podría
seguir enumerando "casualidades" que indican que, por un lado, la Gran
Pirámide es el mayor compendio astronómico escrito en piedra pero, por
otro lado, representa al ser humano en toda su extensión, física y
espiritual.
Quizás sea por ello que en el interior de la Gran
Pirámide nos sentimos afectados. Su geometría sagrada influye en los
organismos y provoca una energía sutil capaz de alterar los instrumentos
electrónicos de medida. Algunos consideran que la Gran Pirámide actúa
como una antena emisora-receptora de sensaciones e informaciones.
Quién
sabe. No existen pruebas categóricas para responder a la pregunta de
quiénes fueron esos seres superiores que edificaron la Gran Pirámide. Lo
que sí sabemos es que la tecnología y los conocimientos empleados en su
construcción no estuvieron al alcance de los egipcios de la IV
Dinastía. O, por lo menos, que no deberíamos clasificar tan
superficialmente un monumento que se ríe del tiempo y de todos los que
aventuramos nuestras temblorosas hipótesis porque, en este momento, no
sabe más sobre la Gran Pirámide el que más respuestas aporta, sino el
que más preguntas se hace.
Una clave de cara al visitante
La
Gran Pirámide parece empeñarse en mantener ocultos todos sus secretos,
pero aunque los arqueólogos ortodoxos no le presten ningún valor, si
existe en ella un testimonio escrito. El grabado al que nos referimos se
encuentra situado en la puerta original de Keops, rodeado por el
gigantesco dintel que marca la entrada al monumento. Está formado por
cuatro letras que son, de izquierda a derecha, una V, un circulo partido
por una línea transversal, tres rayas horizontales en paralelo, y por
último, otro círculo partido por dos líneas verticales.
Mucho se
ha especulado sobre el autor de estos cuatro signos, y las teorías van
desde que sea simplemente una broma, hasta que sea una señal de
habitantes de otro planeta. Toda esta controversia no es de extrañar, ya
que en Egipto no existen símbolos similares a los que podemos observar
en este famoso tetragrama.
Hace ya algunos años varios estudiosos
descubrieron que las letras pertenecían a ancestrales alfabetos libios.
Se sacaron las valencias correspondientes de éstas, pero para su
traducción se empleó el copto, que nada tiene que ver con el sahariano
antiguo (alfabeto en el que está escrito el tetragrama).
El
sahariano antiguo es un alfabeto que se creó, según las teorías
ofíciales, hacia el 2000 a. C., pero recientes descubrimientos sitúan su
nacimiento hace 6.000 años en la zona de Tassili, al sur-oeste de
Argelia, lo que lo convierte en la primera escritura de la Humanidad.
Ello permite formular la hipótesis de que el tetragrama de la Gran
Pirámide sea original a su construcción, convirtiéndose de esa forma en
el único mensaje escrito que posee la última maravilla del mundo
antiguo. Aún así, y sin descartar que se trate de una simple
coincidencia, habría, además, que suponer que tal inscripción se grabó
apresurada y subrepticiamente, porque su tosca factura nada tiene que
ver con el perfecto acabado, a veces sorprendente por su regularidad y
precisión, del que hicieron gala los antiguos egipcios en sus trabajos.
Lo más lógico es deducir que alguien conocedor de la arcaica escritura
sahariana, grabó hace siglos el célebre tetragrama cuando la pirámide ya
carecía de las losas de revestimiento.
Las valencias de la
inscripción, de izquierda a derecha, son las letras D, B, Q, y B. Éstas
forman dos palabras cuya raíz es DB y QB; los fonemas que se obtienen
tras esta operación son dabba iqbut. La primera de las palabras
significa "cuidar", o la expresión coloquial "tomarse las cosas como
vengan". La segunda palabra, iqbut, si es esclarecedora, ya que su
significado literal seria "cúpula que recubre la tumba de un hombre
santo". Para comprender el verdadero sentido de estas palabras debemos
entender que los equivalentes del diccionario antes mencionado, están
hoy en día aislados, ya que la actual religión berebere es la
mahometana. Si extrapolarnos su significado a hace miles de años,
podemos obtener la conclusión de que alguien semi divino, o al menos
adorado como tal, fue enterrado en la Gran Pirámide. Tal consideración
es aplicable al propio faraón,presuntarnente sepultado en el colosal
monumento. Pero también podría hacer referencia a un ser distinto, lo
que nos llevaría de nuevo a la posible existencia de estancias aún no
descubiertas, y el texto tendría el carácter de un mensaje dejado para
la posteridad por alguien conocedor de ese secreto celosamente guardado
por los constructores. Una especulación novelesca sin duda, pero no
despreciable en un edificio tan singular y cargado de misterio.
La
teoría extraterrestre cuenta, en el caso de Egipto, con todo género de
indicios. Simplicio dijo que los habitantes de este país conservaban
observaciones astronómicas de los últimos 600.000 años. Diógenes Laercio
databa la antigüedad de los cálculos astronómicos egipcios en unos
48.000 años y Marciano Capella decía que estudiaron las estrellas
durante 40.000 años. Pero, por supuesto, los historiadores y egiptólogos
oficiales no aceptan esto, como tampoco las cronologías que remontan
las lista de sus míticos regentes predinásticos a aquella remota época.
La
representación más espectacular del firmamento egipcio está en el techo
de una capilla del templo de Hathor. Se trata del famoso Zodiaco
circular de Dendera. El notable egiptólogo y hermetista R. A. Schwaller
de Lubicz demostró que en este zodiaco se encuentran las pruebas de la
antigüedad del santuario. Consiste en dos círculos de constelaciones,
toscamente superpuestos, centrado uno en el Polo Norte geográfico y otro
en el real, el de la eclíptica, hacia el que señalaría el eje de la
Tierra si no oscilase. El diámetro del zodiaco de oriente a occidente
cruza la constelación de Piscis, evidenciando que se construyó en la era
regida por esta constelación, hace más o menos 2.100 años. Pero un par
de jeroglíficos, en su borde, insinúan la presencia de otro eje que pasa
por el comienzo de la era de Tauro, suceso ocurrido ¡más de cuarenta
siglos antes!
Ello indica que los egipcios conocían la precesión
de los equinoccios (movimiento de los puntos equinocciales en virtud del
cual se anticipan un poco, de año en año, las épocas de los
equinoccios) y que la tradición religiosa mantenida en el templo de
Dendera data de ¡cuatro mil años antes de lo que hasta ahora se ha
aceptado!
EL ÍNDICE GEODÉSICO
Pero la hipótesis de visitas
extraterrestres en el pasado que habrían contribuido al conocimiento de
la astronomía adquiere un especial relieve cuando nos enfrentamos a la
Gran Pirámide. Pasando por alto las numerosas referencias egipcias a sus
"dioses instructores", que merecerían un desarrollo aparte, los datos
suministrados por las medidas de este monumento despejan cualquier duda
en lo que concierne a un conocimiento astronómico y geodésico
absolutamente anacrónico para el que los egiptólogos otorgan a los
primitivos moradores de las riberas del Nilo. Sencillamente, la
tecnología de que disponían era claramente insuficiente para la
obtención de tales datos.
Según los egiptólogos, las primeras
tumbas faraónicas conocidas son las de la XI dinastía, es decir, que
datan de 2.160 a 2.000 años a.C. Están situadas frente a Karnak, en la
llanura de El Taraf, al nordeste del Valle de los Reyes y se abren hacia
el oeste, es decir, hacia el Sol poniente. En consecuencia, las
pirámides orientadas al norte no eran sepulturas, sino templos y, como
tales, contenían no sólo la cultura religiosa sino un conocimiento,
adquirido de los dioses, que se plasmó en forma de datos que
relacionaban el monumento con las medidas geodésicas de nuestro planeta.
Han sido muchos los investigadores que han comprobado la precisión de
estos datos.
Jomard, que participó en la expedición napoleónica,
extrajo de Estrabón y de Diodoro Sículo la información de que el apotema
de la Gran Pirámide tenía un estadio de longitud, es decir, 185,5
metros. Los autores clásicos afirmaban que un estadio era la
sexcentésima parte de un grado geográfico. Según esto, el apotema de la
pirámide multiplicado por 600 nos daría la longitud de un grado en
Egipto. Jomard tuvo en cuenta también la afirmación de Agatárquides de
que la largura de cada lado de la base era idéntica a la longitud de un
minuto (cada una de las sesenta partes iguales en que se divide un grado
de círculo) del meridiano terrestre. Con estos datos se comprueba no
sólo el asombroso conocimiento geodésico del planeta que tenían los
egipcios, sino la premeditada adecuación de las medidas de la pirámide a
las del planeta.
Podría decirse que la pirámide contiene las
proporciones de un semiglobo, en el que la base del monumento representa
el ecuador y la altura la distancia del Polo Norte al centro del globo.
Y, si los antiguos no mentían al señalar que su altura era la
sexcentésima parte de un grado de longitud y su base un octavo de
minuto, la Gran Pirámide podría ser la representación de una mitad de
nuestro planeta.
En relación con las medidas geodésicas de este
monumento, numerosos investigadores de todos los tiempos han intentado
desentrañar y reproducir la hipotética idea original del arquitecto de
la Gran Pirámide y de la unidad de medida empleada.
UN INSÓLITO DESCUBRIMIENTO
Pero
hagamos el proceso contrario. Supongamos que queremos construir el
monumento más grande de la Tierra, que disponemos de toda la tecnología
precisa para tal fin y que queremos incorporar las medidas del planeta a
esa pirámide. Partimos de la premisa constatada de que la Tierra no es
una esfera perfecta. La figura geométrica que mejor define la superficie
de nuestro planeta es un elipsoide de revolución, es decir, un cuerpo
engendrado por una elipse, cuyos ejes son los radios polar y ecuatorial,
y que gira sobre el radio polar. Actualmente, la geodesia física hace
un estudio de la Tierra considerándola un geoide, definiendo su
superficie como la de los océanos en calma y los continentes sin tener
en cuenta su relieve, es decir, como si toda la tierra estuviese al
mismo nivel del mar. Si superponemos las figuras elipsoide y geoide de
la Tierra (como si superpusiésemos, por ejemplo, un melón y una sandía),
ambas coincidirán en determinadas líneas, que consideraremos "zonas de
cota cero".
Queremos, pues, construir una pirámide que cumpla dos
condiciones. La primera es que esté situada en el meridiano terrestre
donde interseccionen el elipsoide y el geoide antes mencionados (ver
figura). Para ello, nos basaremos en un mapa que representa estas dos
superficies y sus discrepancias, publicado en el libro Geodesia Física
de Weikko A. Heiskanen, donde figuran los antes mencionados puntos de
intersección o líneas de cota cero. En él podemos ver que los únicos
lugares del planeta donde se cumple esta primera condición son una
franja de terreno que recorre el Nilo y otra que, subiendo por la cuenca
del Amazonas, llega a la península del Yucatán y a México, siendo
exclusivamente la zona de Egipto donde la línea que tiene cota cero en
todos sus puntos coincide con el meridiano del lugar.
La segunda
condición es que el lugar preciso del emplazamiento de dicha pirámide
esté ubicado en aquel paralelo cuyos puntos estén situados en su
totalidad a la misma distancia del Polo Norte y del centro de la Tierra.
Con ello, obtenemos un solo punto en el planeta que cumpla estas dos
premisas: la meseta de Giza, situada en el paralelo 29° 58' 51" norte y
longitud 31 ° 9' este de Greenwich.
Asombrosamente, cada punto de
la Tierra tiene un radio diferente, debido al achatamiento de los
polos. El radio polar –según el anuario del Observatorio Astronómico,
que publica las medidas dadas por el Servicio Internacional de la
Rotación Terrestre (IERS)– es de 6.356,751 km, siendo el radio
ecuatorial de 6.378,136 km. El radio terrestre en la meseta de Giza es
de 6.372,829 km.
Hasta hoy se ha especulado mucho en relación con
la unidad de medida empleada en la Gran Pirámide. El problema principal
reside en la diferencia entre nuestro metro actual, la diezmillonésima
parte del cuadrante del meridiano que pasa por Dunkerke y Barcelona, y
el metro real egipcio, estimado por el notable egiptólogo Petrie en
1,0479 y por Newton en 1,0478. Por ello han surgido algunas teorías
extravagantes que han tratado de hacer coincidir nuestro metro actual
con el utilizado en el antiguo Egipto como, por ejemplo, prolongar el
radio polar "convenientemente" 300 kilómetros, para elevar nuestro
vulgar 1,00 a la categoría de 1,048, definiendo la atmósfera con ese
exacto espesor, como si ésta fuese uniforme. Por tanto, los estudiosos
más oficialistas han tomado a broma siempre tales consideraciones,
afirmando que el metro egipcio no podría corresponderse con dato
geodésico o astronómico alguno.
EL METRO SAGRADO EGIPCIO
Y
todo lo contrario. Como primicia mundial vamos a demostrar que el metro
real egipcio se corresponde con medidas geodésicas de nuestro planeta,
de una forma absolutamente constatable. Partimos de la esfera ideal cuyo
radio es el radio de la Tierra medido en Giza. Pues bien, la longitud
de arco comprendida entre la Gran Pirámide y el polo norte de dicha
esfera corresponde a la cifra de 6.673,611 km. Todo este planteamiento
nos lleva a dar una simple fórmula que dictamina milimétricamente y con
datos geodésicos absolutamente fiables el metro utilizado en la Gran
Pirámide:
1 metro egipcio = Radio en Giza x W/60.QOO
Es decir: 6.372,829 x 3,14162/60.000 = 1,048.
Para
los amantes de la geometría, se cumple también que la diezmillonésima
parte del cuadrante del meridiano de una esfera con radio de 6.673,611
km., sería, precisamente, 1,048 metros, el patrón de medida utilizado en
la Gran Pirámide.
Estamos seguros de que estos datos, que
publicamos por primera vez, aunque difícilmente comprensibles para los
neófitos en geometría y en astronomía, revolucionarán la historia de la
piramidología, al relacionar el metro sagrado egipcio, empleado en todas
las medidas interiores y exteriores del monumento, con datos geodésicos
intrínsecos a la ubicación de la Gran Pirámide en nuestro planeta. Este
monumento señala un punto exacto de la superficie terrestre, el mismo
punto desde donde se sospecha que alguien situado a unos 10.000 metros
de altura pudo tomar una imagen, por métodos desconocidos, del globo
terrestre. Aquellas remotas observaciones se plasmaron en antiguos mapas
como el de Piri Reis, distorsionado con asombrosa exactitud debido a la
falta de concavidad de la fotografía original. Un punto geodésico que
señala que los constructores del monumento y, posiblemente, los
instructores de los pueblos de la antigüedad, conocían las medidas de
nuestro planeta, porque eran poseedores de una tecnología ajena y
avanzadísima, sin la cual no podrían haber llegado de ninguna forma a
conseguir estos datos.
